Salud que enferma gobernabilidad

La reforma al sistema de salud se ha convertido en un problema tóxico para los gobiernos en todas las latitudes ante las dificultades para financiar la atención de los ciudadanos y la reducción en los presupuestos para gastar en los servicios básicos.

En Colombia al ministro de Salud, Alejandro Gaviria, le ha tocado sufrir en carne propia las dificultades de pasar un proyecto de ley que afecta los derechos básicos y fundamentales de los colombianos.

La adopción de una norma de salud siempre es crítica, tal como le ha pasado al presidenteBarack Obama, al que el Congreso literalmente lo dejó sin plata cuando se negó a aprobarle el presupuesto, so pena de retrasar por un año la aplicación del Obamacare, como se le llama a la ley de atención al paciente en Estados Unidos.

Gaviria se queja porque el trámite de la reforma a la salud es lento, enfrenta problemas de gobernabilidad, pero también es un asunto de vida o muerte, porque las finanzas de la salud no aguantan más y requieren cuidados intensivos.

Según Gaviria la propuesta está medio frenada en el Congreso colombiano por el debate frente a los contenidos de la integración vertical, que al parecer confronta los intereses económicos de EPS, clínicas y hospitales, que se suman a la discusión sobre quién manda a quién o como lo reza la propuesta, quién configura la red.

Las decisiones sobre la red de prestadores es una actividad que se disputan las aseguradoras y las EPS, pues quien configure la red se queda con la autonomía y plenos poderes sobre los prestadores de servicios.

La salud ha sido minimizada, pero en la medida que pasa el tiempo y se acaba el dinero los países han entrado en el debate sobre cómo ofrecer un servicio adecuado, con finanzas sostenibles y sin que el Estado se quiebre o los usuarios paguen los platos rotos de un sistema que nadie ha logrado sanar.

El problema es generalizado y en grandes economías como Estados Unidos la situación no es muy diferente. Es tal el debate sobre cómo organizar un sistema de salud que ese fue el florero de Llorente para que los Republicanos le negaran el sí al presupuesto de Barack Obama para el año fiscal 2013-2014.

Frenar el Obamacare, o norma de atención al paciente es la condición de la Cámara de Representantes en Washington para aprobar el presupuesto, pero Obama dice que no se dejará chantajear, porque no se trata de un favor a su administración, es una obligación del Congreso aprobar el presupuesto.

Los enemigos del Obamacare en Washington dicen que el plan es muy generoso con las aseguradoras a las que sus afiliados deben pagarles mensualmente, pero que quebrará a los trabajadores que tendrán que pagar de su propio bolsillo el seguro, sin que se contemple aumentos salariales para ese propósito.

Para financiar la salud se requiere dinero, pero cada vez es más difícil hacer sostenible este frente de gastos, en cualquier parte del mundo, por eso al ministro de Salud colombiano le toca hacer uso de su paciencia y tratar de conciliar las posiciones, para evitar que las diferencias lleven al traste la posibilidad de aprobar una norma que le sirve al país y sobre todo a los usuarios de la atención en salud, que somos todos.

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