¿Prohibir las gaseosas o cambiar de actitud?

La gente colombiana tiene una particular facilidad para reírse del otro y, casi siempre, de sí misma. En cada barrio, en cada cancha de fútbol, en cada salón de clases, hay un grupo de amigos que se caricaturiza entre ellos por ser calvos, feos… o gordos.

Hoy en día en Colombia hay más gordos que calvos y, seguramente, más gordos que feos. El 51 por ciento de la población colombiana tiene sobrepeso. La cifra ha aumentado en casi seis por ciento con respecto a hace cinco años y pone en alerta a los salubristas.

El impacto de este dato también motivó a que desde el gobierno, específicamente el Minsalud,Alejandro Gaviria, se retomara una propuesta que, de aprobarse, regularía el consumo de gaseosas en el país.

Durante el Congreso Nacional de Sobrepeso y Obesidad, realizado en Bogotá, el Ministro habló de la iniciativa como una de las estrategias que activen un cambio cultural en el país, que redunden en beneficio de la salud pública. La medida regularía la venta de estas bebidas en centros educativos, restricción publicitaria de los fabricantes y topes de contenidos azucarados.

Ya pasó en NY
La idea tiene su antecedente en lo ocurrido en Nueva York, hace dos años, cuando el alcaldeMichael Bloomberg inició una prohibición para el comercio de bebidas azucaradas de más de 16 onzas. La medida, tiempo después, fue derribada por un juez que determinó la autonomía de los ciudadanos para decidir el tamaño de sus refrescos.

“Este tipo de cambios no son fáciles de implementar”, afirmó Alejandro Gaviria. “Hay que ver lo que pasó en Nueva York cuando se trató de prohibir la venta de refrescos azucarados en grande, la corte falló en contra de la medida. Todavía la sociedad entera no comprende el reto al que nos enfrentamos”, agregó.

Para la directora de la Seccional de Salud de Antioquia, Luz María Agudelo, estas decisiones deben responder a la búsqueda de una sociedad más saludable. “Cualquier medida que contribuya a disminuir los riesgos de salud es bienvenida. Sobre todo en este caso, porque la obesidad es un factor de riesgo muy alto para enfermedades cardiovasculares, osteomusculares y diabetes”, dijo.

La directora admitió que poner en firme estas iniciativas no es una tarea fácil. “Afecta intereses particulares, de industrias específicas. Además hay que hacer unos procesos de negociación y acudir a la responsabilidad social de las empresas”.

La nutrióloga pediatra Ana Cristina Gómez advierte que, en efecto, esta es una propuesta difícil de implementar. “Es muy difícil que un comerciante ofrezca las cosas que sabe que no va a vender. A ellos les interesa mover su negocio, igual que en los colegios, las cafeterías escolares parecen un sanandresito, llenas de chocolatinas y mecato. Prohibir el comercio de gaseosas afectaría la rentabilidad de muchos”, dice.

Por eso, esta especialista habla de una responsabilidad compartida, de una tarea que se tiene que hacer entre todos. “Hay que pensar en una división de responsabilidades. Uno piensa que se requiere una regulación, pero no solo satanizando un producto, a la par debe haber un contenido que eduque en los hábitos más sanos de consumo”.

Cambios desde casa
Luz María Agudelo está de acuerdo con que la misión no es solo de la regulación sino que hay que enseñar con el ejemplo. “Le cuento que en mi casa no se toma gaseosa, generalmente consumimos agua, leche o jugos naturales. Nosotros vivimos en una región muy rica en frutas, eso hay que aprovecharlo. No hacerlo es un desperdicio para el gusto, la salud y la gastronomía”.

La Secretaria de Salud reitera que el tema es cultural, más que impositivo. “Si las familias desde muy temprano incluyen en sus menús cotidianos las frutas, los niños rápidamente aprenden esos hábitos. No quiere decir que se prescriban como un mandamiento o un pecado otro tipo de bebidas, pero creo que es mucho más saludable e invita a aprovechar una riqueza que no todos los países tienen”.

Calorías innecesarias
Está perfectamente claro que un niño requiere un importante número de calorías para su crecimiento y sano desarrollo. Pero este aporte nutricional puede provenir de infinidad de fuentes, desde los carbohidratos, hasta las frutas. El Colegio de Salud Pública de la Universidad de Harvard realizó un estudio en el que se detalla el contenido calórico que proviene de las gaseosas e, incluso, de los jugos de frutas que se comercializan envasados o en caja.

El estudio fue realizado en productos que se comercializan en ese país, muchos de los cuales están disponibles en Colombia o tienen equivalentes. En una bebida gaseosa de cola, por ejemplo, con un tamaño de 12 onzas, hay 146 calorías, el equivalente a 41 gramos de azúcar, es decir, 10 cucharadas. La gaseosa con sabor a limón tiene 170 calorías, 46 gramos de azúcar, o sea 11 cucharadas.

Bebidas similares a las cajitas de jugos de fruta, contienen 125 calorías, 34 gramos de azúcar, 8 cucharadas.

La comparación no puede aplicarse de manera exacta es nuestro país, pero para la doctora Ana Cristina Gómez, es un indicador muy cercano a lo que tenemos en Colombia.

Con esos datos, dice esta especialista, vale la pena preguntarse si los padres de familia también deben asumir buena parte de la responsabilidad en el sobrepeso de muchos niños.

Santiago López Jaramillo, director Ejecutivo de la Cámara de la Industria de Bebidas de la Andi, es el vocero de las empresas productoras y embotelladoras de gaseosas en Colombia. Asegura que la preocupación por el sobrepeso en Colombia es compartida por este gremio.

“La obesidad es claramente un problema que necesita el compromiso de todos: Gobierno, padres, colegios, comunidad científica y claro está las empresas que nos proveen de bebidas y de alimentos”. Sin embargo, afirma que la causa de esta problemática no obedece a un solo factor.

“Las propuestas que simplifiquen el gran problema de la obesidad infantil y lo atribuyan a una única causa o a un único producto no aportan a la solución y por el contrario confunden a los padres y a los niños quienes bajo estas propuestas no modificarán sus hábitos ni aumentarán su actividad física siendo estos los únicos remedios efectivos y comprobados para combatir el sobrepeso y la obesidad”.

Este directivo afirma que “todas las calorías que consumimos cuentan y, en este orden de ideas la meta en balancear lo que consumimos con la energía que gastamos y es así como las bebidas gaseosas y cualquier otro producto puede ser parte de una dieta saludable”.

El debate sigue abierto y parte de una postura coincidente: todos somos responsables de la búsqueda de hábitos de vida saludables. Padres, educadores, productores y comercializadores, de lo contrario, las enfermedades derivadas de la obesidad se convertirán en la guerra más difícil de ganar.

TEXTUALMENTE

HABLAN LOS PRODUCTORES DE GASEOSAS

SANTIAGO LÓPEZ
Director Cámara de la Industria de Bebidas, de la Andi

Algunos expertos afirman que la publicidad induce a un mayor consumo de estos productos lo que, a la postre, afecta la buena nutrición. ¿Qué opina al respecto?
“La afirmación parte de una premisa errada ya que considera que existen alimentos buenos y malos, cuando toda la evidencia científica y hasta las mismas bases de la nutrición consideran que no se pueden clasificar así los alimentos y las bebidas y, por el contrario, se debe hablar de hábitos adecuados o no.

Debo ser enfático en señalar que los fabricantes de bebidas hacemos publicidad de los productos porque tenemos la certeza de las bondades de lo que ofrecemos, ofrecemos hidratación, energía y, lo que no se debe menospreciar, calidad sanitaria en todo el país, donde incluso en algunas zonas somos la única fuente de líquido potable.

No obstante lo anterior, la industria de bebidas suscribió el Código de Autorregulación Publicitaria donde de manera autónoma y voluntaria los grandes fabricantes de bebidas en atención a su compromiso con los consumidores establecieron pautas para que su publicidad sea clara y transparente con el consumidor y con los padres”.

CONSULTORIO

La obesidad, enfermedad que comienza en el cerebro

 

JEFFREY FRIEDMAN:
Médico, especialista en genética molecular, U. de Rockefeller. *

El doctor Jeffrey Friedman afirma que la leptina es una hormona producida por la grasa que actúa sobre el hipotálamo del cerebro, para regular la ingesta de alimento, el gasto energético y la cantidad de grasa que se acumula en el organismo, y la carencia de esta sustancia o de su receptor conduce a la obesidad.

Si engordamos por una alteración de la química del cerebro, ¿qué puede hacerse para evitarlo?
“El peso corporal y el apetito son regulados por un circuito compuesto de células nerviosas en muchas regiones del cerebro y ya se conoce la identidad de varias poblaciones celulares clave en la regulación del apetito.

En principio, una comprensión más completa de la naturaleza de los circuitos cerebrales que controlan el apetito podría conducir a nuevos tratamientos”.

¿Cuáles son esos circuitos cerebrales del apetito?
“En el cerebro, algunas vías neurales aumentan el apetito y otras lo disminuyen. Dentro de un tiempo, podría ser posible tratar la obesidad mediante la inhibición de unas vías y la activación de las otras utilizando drogas”.

¿Cuáles han sido los principales avances en la investigación y comprensión de la leptina?
“Un avance clave es la delineación del circuito neural que responde a la leptina para regular el apetito y la demostración de que los defectos en los componentes de este circuito neural, incluyendo la leptina y su receptor, causan la obesidad humana.

Otro avance importante es la constatación de que la leptina tiene efectos antidiabéticos potentes, lo que ha llevado a usarla para el tratamiento de una forma menos común de la diabetes conocida como lipodistrofia, con la esperanza de que su uso puede llegar a ampliarse al tratamiento de otras formas de diabetes”.

Aparte del gen de la leptina, ¿cuántos otros genes pueden estar involucrados en la obesidad?

“Hasta la fecha, se conocen las mutaciones en aproximadamente 8 genes que causan la obesidad humana por sí mismos, pero espero que este número crezca con el uso de nuevas tecnologías, como la secuenciación del ADN genómico. Además, las diferencias genéticas en un gran número de otros genes también pueden tener un efecto menor sobre el peso corporal”.

¿En qué proporciones la obesidad es el resultado de factores genéticos y de factores de estilo de vida?
“Los datos disponibles de los estudios con gemelos idénticos, con familias y con niños adoptados, indican que los factores genéticos son el principal contribuyente a la obesidad. Ingerir una dieta saludable para el corazón y hacer ejercicio son hábitos muy importantes para la buena salud y deben fomentarse en los pacientes obesos (y en todos los demás), pero estas medidas no son generalmente eficaces para lograr una pérdida de peso significativa en el largo plazo. La genética tiene un gran impacto en las diferencias en la ingesta de alimentos y el metabolismo”.

La obesidad se trata con dieta, ejercicio físico, medicamentos y psicoterapia. ¿Por qué estas estrategias no siempre funcionan?.
“El peso corporal lo regula un sistema biológico inconsciente, que actúa para mantener el peso dentro de un rango relativamente estrecho en cada persona. Así, cuando alguien pierde peso, se activan estos potentes mecanismos biológicos que buscan revertir la pérdida de peso (o el aumento de peso, en otros casos)”.

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