Ineficiencias del sistema de salud y precios de medicinas

DROGUERIA

La preocupación de distribuidores, hospitales, EPS e industria es justificada: no se puede desaparecer la función de la cadena de abastecimiento, almacenaje y de los hospitales por decreto y sin que nadie se haga cargo de lo que ellos hacen.

Ha pasado desapercibido que las ineficiencias del Sistema de Salud tienen una poderosa incidencia en los precios de los medicamentos, y que la simple comparación de precios entre países resulta a veces inadecuada, pues las diferentes condiciones de mercado y de sus sistemas de salud generan importantes diferencias.

Los medicamentos son fundamentales para los tratamientos en los hospitales, pero también hacen parte esencial de su ecuación financiera.

En comunicaciones de diferentes clínicas de cáncer, publicadas en la página web del Minsalud, explican que entre “el 67 % y el 89 % de sus ingresos se derivan de los medicamentos” (http://www.minsalud.gov.co/salud/Paginas/Comentarios-recibidos-Circular-…). Así como suena.

En un país que en el 2011 según el Banco Mundial solo invirtió en salud US$ 432 per cápita/año, y que pagando poco quiere amplias coberturas, la operación de los hospitales se llevó a sus mínimos.

Luego de recortar durante años el precio de las camas hospitalarias, de las cirugías, de la consulta, etc., los hospitales terminaron vendiendo sus servicios a pérdida, y muchos debieron echar mano de insumos y medicinas para ayudar a mantener su operación.

En el Sistema de Salud colombiano es común que la cartera esté por encima de los 100 días, y según la Asociación de Hospitales y Clínicas (PORTAFOLIO, junio del 2013), la deuda morosa es de $2,9 billones.

No hay un sector de la economía con el tamaño y retraso de las carteras de salud. Según Acemi, el Fosyga no paga importantes deudas a las EPS; la corrupción en los municipios parece estar a la orden del día; las EPS estiran hasta donde pueden sus pagos a hospitales y terceros y estos no pueden pagar a tiempo a sus proveedores.

Ello sin considerar que hay muchos agentes en dificultades económicas, que se quiebran o que los intervienen. Y aunque para el observador desprevenido sea difícil entenderlo, cualquier producto que se comercialice en semejantes condiciones de riesgo cargará con sustanciales sobrecostos.

Es un error comparar los datos brutos entre el precio que obtiene la Comunidad de Madrid o el Ministerio de Salud brasileño cuando compran millones de dosis a uno o dos años en condiciones preestablecidas de entrega, con la suma de muchos poquitos de diferentes entidades que compran y venden con serias restricciones en condiciones de riesgo financiero.

En el Sistema de Salud colombiano cada agente compra y vende de acuerdo con sus capacidades dentro de un deteriorado entorno de confianza, lo que determina elevados costos transaccionales, comerciales, de logística y financieros. Así mismo, en varios países con los que se nos compara, los costos de distribución y logística son subsidiados por los gobiernos, como Francia, España o Brasil, cosa que aquí tampoco sucede.

Sin obviar la responsabilidad que les quepa a los laboratorios por el ajuste de precios, los controles deben reconocer la gestión de la cadena que agrega valor, particularmente en medicamentos de alto costo.

Desde la perspectiva de resultados en salud, una caja de medicamentos confinada en una bodega poco vale, pues el valor terapéutico se logra cuando se la lleva al paciente y se le administra profesionalmente.

Debido al gran deterioro de confianza en el Sistema, la cadena que hay entre el laboratorio y el paciente se volvió necesaria, pues asume evidentes ineficiencias y riesgos del sistema.

Y en el caso particular de los hospitales, cuando suministran fármacos a los pacientes, lo hacen por una razón médica, los preparan en cuartos estériles o los aplican bajo supervisión profesional o mediante equipos especializados, y eso cuesta, costo que parece no se está considerando pagar.

Según las nuevas Circulares, el control de precios de medicamentos se fija en el nivel de venta del distribuidor, pero también ordena, que ese precio sea en todo caso el mismo al cual se pagará al final de la cadena dentro del Sistema de Salud.

Eso significa que del distribuidor en adelante, operadores, hospitales y demás prestarán sus servicios farmacéuticos a todo costo y con cero retorno. Y no parece posible que ellos logren que el distribuidor se los venda por debajo del precio que fijó el Gobierno, el cual se estableció en el último cuarto de los países de referencia más baratos.

La preocupación de distribuidores, hospitales, EPS e industria es justificada: no se puede desaparecer la función de la cadena y de los hospitales por decreto y sin que nadie se haga cargo de lo que ellos hacen, pues con eso también se decreta, por física imposibilidad de los agentes, el desabastecimiento de importantes productos para la salud de los colombianos.

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